Fragmento de mi novela

El sonido azucarado de una cucharilla rompió el silencio cuando removió su té la duquesa. Dejó reposar el cubierto en la delicada porcelana. Inclinó su cuerpo y aspiró el aroma fuerte que desprendía la taza mientras la acercaba a su boca. Bebió despacio. Yo observaba de reojo a mi invitada; sus manos arrugadas y blanquísimas estaban delineadas por venas azuladas que se prolongaban en unos dedos finos y ágiles. Un zafiro engastado en oro coronaba su meñique oculto por el asa esmaltada. No había cambiado su postura y mantenía el platillo con firmeza.

_La vida no os concedió el escenario adecuado, querida, ni el tiempo correcto _se quedó distraída contemplando el fondo de su taza antes de continuar_. Hubo malos vientos para vuestro barco. A veces las almas se encuentran en una frecuencia espacio temporal errada; unos grados de desviación bastan para que aquello que esté destinado a ser, no suceda.

Paseé la mirada por la habitación y la apoyé en un punto indefinido. Mis ojos atravesaron los visillos de color crudo hasta fijarlos en una porción de cielo sin lisuras; pequeños nudos de nubes breves, sembraban un horizonte cárdeno.

_Un maharishi a quien tuve el privilegio de escuchar durante mi estancia en India, me dijo que el alma puede dividirse en otras tantas y a veces éstas coexisten en la misma vida.

Sus palabras atrajeron de nuevo mi atención. Di un sorbo corto y cerré los ojos mientras paladeaba el tibio líquido. Ella pareció hurgar en su mente para encontrar más razones.

_Son “almas gemelas”. _Reposó el platillo en la mesa y se acomodó frente a mi_. Las vuestras pueden pertenecer a la misma estirpe y simplemente estar destinadas a encontrarse. Los motivos pueden ser muchos. Pero creo, si algo puede aliviar tu corazón, que aquello que se desea con mucha fe, tarde o temprano sucede y tendrá autoridad sobre cualquier lugar o circunstancia.

Devolví la tetera a la mesa después de servirme y recorrí con mis ojos los brillantes colores de aquella porcelana; un bellísimo juego diseñado por Matthaus Baur II, y enviado desde Alemania por el embajador de Inglaterra como regalo de boda. En los reflejos de la plata dispuesta sobre el mantel me concedí un instante de vacío e inspiré profundamente antes de girarme. En aquel progreso hasta llegar a sus ojos brotó una lágrima que quise enjugar antes de mirarla, más por timidez que por orgullo.

_No llores “C.”Lady Hamilton o Emma Lyon. Quizá no llegue a ser en esta vida. Pero habrá otras, créeme. Si eso puede darte fuerzas para seguir respirando agárrate a ello y sueña, porque donde hay magia no hay distancia.

_Creo que no poseo la capacidad necesaria para esperar, ni ahora ni en otra existencia.

_Aprenderás. Somos más fuertes de lo que imaginamos y llevas algo vivo dentro de ti a lo que te debes.

Me miró con ternura y agarró mi mano. La suya estaba helada y seca al tacto y me confortó del mismo modo que lo hubiera hecho una madre; la sentí sólida, y la compasión que destiló su voz consoló mi ánimo.

_El tiempo es un concepto que sólo sirve aquí. Lo único que conseguirá templar tu ansiedad es la fe. La determinación de tu espíritu.

_Me pregunto si estas ideas no perturbaron sus creencias religiosas, duquesa.

Hubo sorpresa en sus ojos al escuchar mi pregunta, y tal vez consuelo al advertir mi renovado interés en la conversación porque sus ojos azules, casi transparentes, brillaron.

_Lo sorprendente es que me permitió dar respuesta a muchas preguntas que en la biblia no hallé. Ya sabes de mis inquietudes; nunca dejé de buscar desde que regresé de India. El concilio de Nicea condenó la reencarnación, pero hasta aquel tiempo era una creencia absolutamente admitida.

_Jamás hubiera pensado en algo así.

_Nadie nos ha contado algo distinto de lo que ya sabemos. Por eso debemos cuestionar todo a cada paso. Nuestra guía son dos preguntas; “por qué” y “para qué”. Las respuestas vendrán solas.

Nos acompañó un breve silencio y después retornó a sus promesas para afianzarme en la certidumbre de un tiempo que todo lo haría posible; horas, días, años, o tal vez nunca. La tarde se iba bordando con palabras, afectos y tazas humeantes, y en el fondo de mi corazón arrinconé un poco de resignación y mucho de esperanza.

Mar Casas


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